Dálmine cerró el año con un empate, nuevamente quedando en deuda jugando como local aunque al menos con el consuelo de que se siguen sumando puntos que en el torneo pasado se perdían, continuando invicto en este clausura.
Se terminó el apertura y Dálmine lo hizo de la mejor manera, con una goleada que alimenta un poco las ilusiones de cara al torneo clausura. Dálmine comenzó mejor, muy bien parado y con un tridente ofensivo que funcionó a la perfección, con un Aguirre inspirado que creó espacios para permitir las llegadas de Otta y Gorosito, este último moviéndose por todo el frente de ataque fue la gran figura de la cancha.
Dálmine ganó y eso es lo que importa, aunque analizando el partido dejó mucho que desear el planteo realizado por el técnico Tschudy en el segundo tiempo, y es que en la etapa inicial Dálmine jugó un buen partido, ordenado en todas sus líneas y ante un rival que solo buscaba a través de pelotazos a un Miguel Mendoza muy solo en la ofensiva.
Por fin una buena para Dálmine que después de 5 fechas se reencontró con una victoria, que además sirvió para calmar un poco los ánimos luego de una semana difícil donde los jugadores suspendieron un entrenamiento por un banderazo que hicieron los hinchas en la platea reclamándole “más huevo” al equipo.
Otra tarde negra para Dálmine, esta vez con goleada en contra incluida ante un Colegiales que tampoco venía del todo bien pero que sin embargo vapuleó a un Dálmine que cada día juega peor.
Otra tarde para el olvido en un torneo para el olvido. Esta vez se enfrentaron dos equipos que vienen realizando pésimas campañas y ofrecieron un partido que refleja su posición en la tabla.